Pues si, despues de casi diez dias en Sikkim, disfrutando del placer de dormir con manta, la selva de coniferas, bambu y rhododendros (que no estaban en flor ya, lastima) y de paseos por la carretera (salirse exigia un permiso de trerecking que no daban a viajeros individuales) que ofrecian el placer voyeur de colarse entre cabanas de bambu, palmas y huralita de poblados lechpa; llego el momento de volver a la India real. Despues de la cita con el estudio artistico del hospital de Gangtok, donde esta vez fui testigo de la dilatada y parsimoniosa preparacion del impactante bodegon que habia tenido la ocasion de admirar la vez anterior, emprendi el camino a Bengala. Asi, del tiron, baje de silguiri a agarrar el primer tren a Kolkatta (aka Calcuta de toda la vida). En tercera, como no, sin tiempo de reservar. Por que tanta prisa? ni idea. Imagino que para huir de la sensacion de atrape en gangtok, con la cona de los permisos y el corte.
En fin, en el tren vi la primera discusion violenta, o mas o menos, la sangre no llego al rio. Que por que la menciono? pues porque los implicados eran un grupo de teenagers de clase media, bestidos con ropa deportiva que se podian permitir ir a Calcuta a ver a Messi en el partido de exhibicion que Adidas, deseosa de introducir el futbol en el subcontinente, habia montado entre Argentina y Venezuela. Vaya, que los zagales mucha actitud de malote de peli mala de Bollywood, mucho discutir a gritos pero al final se estuvieron razonablemente quietos. En fin, que pese a lo deseperado de la situacion de muchos indios avocados a una miseria material extrema y a formas de vidsa muy duras, los unicos que vociferan con vehemencia su derecho al uso en exclusividad de un espacio en virtud de algun codigo de marcaje y territorialidad, o por el mero echo de proclamrlo ruidosamente, obviamente no compartido por el transgresor, fuero unos nenetes bien alimentados y un tanto malcriados. En fin una nenakada que no merecia tanto espacio si no fuese por su relacion con la extension de una modernidad de corte individualista del que los indios indignados (que tambien los hay) son una expresion civico-politica, a los que dedicare un post en breve.
Volviendo al viaje, Calcuta me encanta por lo que tiene de artificial y britanica: planificada, llena de edificios coloniales, arquitectura que refleja el explendor del Imperio de la reina Victoria en claro contraste con la idiosincracia india, que reapropia los espacios y los lee de forma radicalmente diferente. En los espacios ajardinados entre los edificios de ladrillo rojo y la calle se instalan a vivir familias originariamente refugiadas tras la particion de bengala entre West Bengal y Pakistan Oriental (ahora Bangladesh). Aunque quien se cobra el peaje por la incongruencia del lugar de forma mas evidente es la selva. La naturaleza reclama y se reapropia de cualquier espacio libre, con una exuberancia tropical crece vegetacion en los intersticios de edificios coloniales desocupados, surgen higueras de las cornisas, ramas asoman por las ventanas, dando un paisaje irreal de ciudad post-apocaliptica. Un anticipo de la extincion, un testimonio de la caducidad del poder politico y economico. En fin, lo mismo que puede inspirar las ruinas de civilizaciones perdidas en el tiempo pero con los patrones de una cultura viva, presente y todavia en cierta forma hegemonica.
En fin, en el tren vi la primera discusion violenta, o mas o menos, la sangre no llego al rio. Que por que la menciono? pues porque los implicados eran un grupo de teenagers de clase media, bestidos con ropa deportiva que se podian permitir ir a Calcuta a ver a Messi en el partido de exhibicion que Adidas, deseosa de introducir el futbol en el subcontinente, habia montado entre Argentina y Venezuela. Vaya, que los zagales mucha actitud de malote de peli mala de Bollywood, mucho discutir a gritos pero al final se estuvieron razonablemente quietos. En fin, que pese a lo deseperado de la situacion de muchos indios avocados a una miseria material extrema y a formas de vidsa muy duras, los unicos que vociferan con vehemencia su derecho al uso en exclusividad de un espacio en virtud de algun codigo de marcaje y territorialidad, o por el mero echo de proclamrlo ruidosamente, obviamente no compartido por el transgresor, fuero unos nenetes bien alimentados y un tanto malcriados. En fin una nenakada que no merecia tanto espacio si no fuese por su relacion con la extension de una modernidad de corte individualista del que los indios indignados (que tambien los hay) son una expresion civico-politica, a los que dedicare un post en breve.
Volviendo al viaje, Calcuta me encanta por lo que tiene de artificial y britanica: planificada, llena de edificios coloniales, arquitectura que refleja el explendor del Imperio de la reina Victoria en claro contraste con la idiosincracia india, que reapropia los espacios y los lee de forma radicalmente diferente. En los espacios ajardinados entre los edificios de ladrillo rojo y la calle se instalan a vivir familias originariamente refugiadas tras la particion de bengala entre West Bengal y Pakistan Oriental (ahora Bangladesh). Aunque quien se cobra el peaje por la incongruencia del lugar de forma mas evidente es la selva. La naturaleza reclama y se reapropia de cualquier espacio libre, con una exuberancia tropical crece vegetacion en los intersticios de edificios coloniales desocupados, surgen higueras de las cornisas, ramas asoman por las ventanas, dando un paisaje irreal de ciudad post-apocaliptica. Un anticipo de la extincion, un testimonio de la caducidad del poder politico y economico. En fin, lo mismo que puede inspirar las ruinas de civilizaciones perdidas en el tiempo pero con los patrones de una cultura viva, presente y todavia en cierta forma hegemonica.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada