Eso es lo que cuento a aquellos que se interesan por el llamativo aposito que visto en mi zona parietal con la mayor dignidad. Bajo la gasa untada en cicatral, apenas sujetada por dos pedazos de esparadrapo que no acaban de encontrar su sitio entre el pelo que me veo obligado a dejar crecer, llevo un zurcido de cinco puntos. La razon: no acabo de entender los lavabos. En 60x70 cm se encontraban seis grifos y cuatro surtidores, la pica y un cubo enorme para tirar al banyo estilo turco (definicion de comuna aprendida en la lonely planet castellano que me prestaron en Varanasi). La tragedia estaba cantada al agacharme a recoger la pastilla de jabon, como en el cine carcelario, me encontre con una dolorosa sorpresa.
Para sufridores, no os preocupeis, el accidente me ha dado la oportunidad de hacer un pequenyo trabajo de campo sobre el (eficiente) sistema de salud publica de Sikkim. Cuando la hemorragia no la controlaban los kleenex hacendado sali a buscar la farmacia y me enviaron al hospital publico. En otro post hable de las colas en India. La idea de aventurarme a hacer cola en urgencias con mis nulas herramientas linguisticas en nepali, lepcha y buthia y mi total desconocimento de los tramites burrocraticos necesarios en un hospital local, sumado ma la mala hostia derivada del impacto y la sombria perspectiva de perderme el mundo de actividades y excursiones que media hora antes se abrian ante mi aqui hizo que un escalofrio de alegria recorriera mi espalda. Despues de media hora esperando una senyal del cielo, con cara de circunstancias y la hemorragia bastante controlada, lo que a punto estuvo de hacerme partir en retirada, aparecio una menuda doctora lechpa, con un asombroso parecido con la enfermera inuit de "Doctor en Alaska", que me llevo a una sala de curas y despues de vanos intentos de descripcion mimica de lo acaecido resulto que hablaba un mas que correcto ingles. este angel me vacuno, anetesio y zurcio como un calcetin en una ordenada habitacion en la que se seguian los protocolos habituales de higiene de cualquier hospital (esto es una nota para familiares sufridores, un beso). Asi que en media hora, muy por debajo de la media de espera de la seguridad social espanyola, estaba en la calle.
Mas pintoresca fue la segunda visita, en el dispensario, un edificio no mucho mas herrumbroso que el CAP meridiana cuando era pequenyo. Despues de un par de horas de mareo, "ves p'aqui...ves p'alli" por luminosas y claras habitaciones , me mandaron a la "dressing room". La habitacion tenia las paredes machadas imagino que de yodina. El mobiliario lo componian una camilla de madera maziza cubierto de un grueso mhule azul acolchado, un banco tambien de madera, y una mesa llena de tarros abiertos, contenedores llenos de instrumental quirurjico dispuestos como pinceles, y un esterilizador abierto humeando. Dividia la estancia una mampara llena de goterones, que debian ser de yodina pero podrian ser de sangre. El aspecto tenia mas en comun con un estudio de artista, o de sala de torturas que de con el resto del hospital. Para subrayar la estetica delirante de la situacion de detras de la mampara aparecio un limpiador con cicatrices de lepra y un delantal de vinilo que me comunico que el personal estaba comiendo mientras atravesaba la habitacion un carrito lleno de momo (empanadillas tipicas tibetanas, al vapor), puri y estofado de verduras. Un rato mas tarde aparecio una enfermera profusamente maquillada limpiandose los restos de comida que despues una somera inspeccion, me invito a volver dos tres dias despues. El dia en cuestion es manyana, a ver que tal...
Para sufridores, no os preocupeis, el accidente me ha dado la oportunidad de hacer un pequenyo trabajo de campo sobre el (eficiente) sistema de salud publica de Sikkim. Cuando la hemorragia no la controlaban los kleenex hacendado sali a buscar la farmacia y me enviaron al hospital publico. En otro post hable de las colas en India. La idea de aventurarme a hacer cola en urgencias con mis nulas herramientas linguisticas en nepali, lepcha y buthia y mi total desconocimento de los tramites burrocraticos necesarios en un hospital local, sumado ma la mala hostia derivada del impacto y la sombria perspectiva de perderme el mundo de actividades y excursiones que media hora antes se abrian ante mi aqui hizo que un escalofrio de alegria recorriera mi espalda. Despues de media hora esperando una senyal del cielo, con cara de circunstancias y la hemorragia bastante controlada, lo que a punto estuvo de hacerme partir en retirada, aparecio una menuda doctora lechpa, con un asombroso parecido con la enfermera inuit de "Doctor en Alaska", que me llevo a una sala de curas y despues de vanos intentos de descripcion mimica de lo acaecido resulto que hablaba un mas que correcto ingles. este angel me vacuno, anetesio y zurcio como un calcetin en una ordenada habitacion en la que se seguian los protocolos habituales de higiene de cualquier hospital (esto es una nota para familiares sufridores, un beso). Asi que en media hora, muy por debajo de la media de espera de la seguridad social espanyola, estaba en la calle.
Mas pintoresca fue la segunda visita, en el dispensario, un edificio no mucho mas herrumbroso que el CAP meridiana cuando era pequenyo. Despues de un par de horas de mareo, "ves p'aqui...ves p'alli" por luminosas y claras habitaciones , me mandaron a la "dressing room". La habitacion tenia las paredes machadas imagino que de yodina. El mobiliario lo componian una camilla de madera maziza cubierto de un grueso mhule azul acolchado, un banco tambien de madera, y una mesa llena de tarros abiertos, contenedores llenos de instrumental quirurjico dispuestos como pinceles, y un esterilizador abierto humeando. Dividia la estancia una mampara llena de goterones, que debian ser de yodina pero podrian ser de sangre. El aspecto tenia mas en comun con un estudio de artista, o de sala de torturas que de con el resto del hospital. Para subrayar la estetica delirante de la situacion de detras de la mampara aparecio un limpiador con cicatrices de lepra y un delantal de vinilo que me comunico que el personal estaba comiendo mientras atravesaba la habitacion un carrito lleno de momo (empanadillas tipicas tibetanas, al vapor), puri y estofado de verduras. Un rato mas tarde aparecio una enfermera profusamente maquillada limpiandose los restos de comida que despues una somera inspeccion, me invito a volver dos tres dias despues. El dia en cuestion es manyana, a ver que tal...
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